Domingo, 30 de octubre de 2016

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Yo fui Ministro de Batlle

Hasta ese febrero del año 2000 la política fue una actividad ajena para mi.

No es que no me interesara. Creo que no existe un uruguayo que no se apasione u opine sobre política o fútbol.  Lo que la política no era en ese momento para mi una opción a la que dedicar tiempo, esfuerzo y trabajo.

Pero una tarde de ese caluroso febrero concurrí con quien había sido designado Ministro de Turismo a una entrevista con el Dr. Jorge Batlle. Este estaba por asumir la presidencia de la República.

Me ofrecieron ser sub-secretario de Turismo.

Dudé. Les dije que tenía que consultarlo con mi familia y con mis socios en el Estudio Jurídico.

Con su habilidad para convencer, Jorge me dijo: “Durante años muchos me dijeron lo que había que hacer en el Uruguay. Ahora, cuando les pido que asuman cargos de responsabilidad, me encuentro con dos grupos. Los que se quedan en la comodidad de sus trabajos privados y los que piensan en el país y aceptan.“

Acto seguido, esbozando una sonrisa, me preguntó “¿Tú en que grupo estas?“

Al año, el Ministro de Turismo asumió como Ministro de Salud Pública y quedó vacante su cargo. En la conferencia de prensa en que anunciaba al nuevo Ministro de Salud el Presidente Batlle declaró que me ofrecería ser el Ministro de Turismo.

Me enteré por televisión.

Decirle en qué grupo estaba, primero, y aceptar su ofrecimiento televisivo, después, me llevó a compartir muchas cosas con Jorge. Desde el primer día tuvo conmigo una trato especial. Me tuteaba, cosa que no hacía con muchos.

Siempre le voy a reconocer la valentía de nombrarme sub-secretario y ministro. No era una decisión fácil por motivos obvios.

Pero todos sabemos que a él siempre le gustaron esas cosas que van contra la corriente.

Podría escribir sobre él muchas cosas, aunque creo que lo mejor es relatar algunas de las que me tocaron vivir y de las que surge, justamente, como era.

Tenía una inteligencia superior. Le bastaba que le empezarán a plantear un problema para adelantarse y darte la solución.

Tuve el honor de estar, a la vez, en tres ministerios durante su gobierno (Turismo, Deporte y Juventud e Industria, Energía y Minería). Obviamente que cada tema que le llevaba lo hacía estudiar a fondo por distintos equipos antes de presentárselo para su aprobación.

Cuando se lo empezaba a plantear, él casi siempre levantaba la vista y se adelantaba a la solución. En pocos minutos llegaba casi a la misma conclusión a la que habíamos arribado estudiando durante varios días y en equipo.

Recuerdo una de muchas: la marca país Uruguay Natural.

El país necesitaba una marca país y la construimos de forma profesional. Hicimos encuestas, contratamos expertos, trabajamos durante un buen tiempo y un día se la fuimos a presentar. Con el nombre estuvo de acuerdo.

El logo tenía un sol en el medio y dos brazos a los costados.El sol, obviamente, era amarillo, un brazo azul y el otro verde. La elección de los colores eran fruto de la encuesta. Los consultados concluyeron que teníamos que tener el amarillo del sol, el azul del mar y el cielo, y el verde de nuestro campo.

Jorge lo miró, se sonrió y me dijo “que linda la verdeamarela“.

Me sonreí. Su anotación era correcta. Una marca de un país tiene que distinguirse de las marcas de otros, en especial, de países cercanos y grandes.

Los técnicos intentaron ensayar una explicación. Me volví a sonreír y dije “volvemos en 15 días“ y volvimos. Sin el verde.

La marca se sigue utilizando hoy.

Durante el peor momento de la crisis del 2002 y 2003 concurrí a Melo con él a una jornada sobre energía eólica. El país empezaba a dar sus primeros pasos con los molinos de viento y a él esas cosas novedosas le apasionaban.

El problema era que se habían anunciado manifestaciones en contra del gobierno. Para peor un par de días antes el entonces director de Aduanas había ido a Cerro Largo a inspeccionar el contrabando. El ambiente, ya caldeado por la crisis, estaba aún peor.

La conferencia, en el hotel Crowne, se realizó bajo un griterío enorme que llegaba desde la calle.

Al finalizar, salimos con Jorge a la puerta para subirnos a los autos y retirarnos. Unas 500 personas gritaban “viejo hijo de …“ y otras cosas.

Parados en la puerta del hotel, Jorge me toma el brazo y me dice al oído “lo que me duele es que me digan viejo“.

Con cara de enojo le dije “Nos estamos rompiendo todos para salir de esta crisis y nos vienen con esto“.

Con tranquilidad me respondió “Están pasando mal y tienen derecho a protestar. No entienden que estamos haciendo las cosas bien porque están pasando mal y tienen ese derecho de quejarse“.

Todavía recuerdo la escena, parados en las escaleras del hotel y él hablando como si no estuviera rodeado de todas esas personas enojadas.

Poco tiempo después lo acompañé a los Estados Unidos. El embajador de ese país y el entonces Gobernador de la Florida, Jeb Bush, nos dio una gran mano organizando una serie de jornadas de negocios entre empresas uruguayas y norteamericanas.

Nos entrevistamos con Bush, cuyo hermano George era el Presidente de los Estados Unidos. Al final de la entrevista Jeb Bush dice: “Uno no puede reunirse con el Presidente Batlle y no preguntarle su opinión sobre política internacional“.

Jorge lo miro, creo que con placer, y le describió lo que estaba pasando en ese entonces con las negociaciones del ALCA que estaban fracasando.

Lo hizo de una forma didáctica y clara. Tomó una hoja de papel del mismo hotel en que estábamos y empezó a escribir.

“Mire“, dijo mientras escribía USA y sacaba un flecha y al final de esta escribía México. Después dibujó otra que terminaba en Canadá, otra en Colombia, Chile, Centro América, y varias más. Al final dos que finalizaban en Uruguay y Argentina.

“¿Qué es esto?“ preguntó mientras mostraba la hoja con lo que había escrito.

Todos hicimos silencio (hasta los norteamericanos).

Esto es el ALCA. Ustedes tienen que seguir negociando TLCs con cada país como vienen haciendo y después estos negociarán entre ellos y tendremos el sueño de Artigas de una América unida desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

Tomó la hoja, se la entregó a Bush y le dijo “llévele esto a su hermano“.

Bush la recibió, la dobló y se la metió en el bolsillo.

Así era él, capaz de hablar de esa forma con el hermano del presidente de los Estados Unidos, con un ministro o con un paisano en Tala. A todos nos decía, convencido, lo que había que hacer.

Lo hacía sin importar el costo.

Cuando la crisis del 2002 y 2003 la gran discusión que se planteó fue como hacer para salir de ella.

Unos proponían no poner más impuestos internos y gravar las exportaciones. Desde afuera, y alguno de adentro, nos decían que debíamos ir al default y seguir el camino argentino.

Porfiado y convencido, Jorge se negaba.

Poner más impuestos y no gravar las exportaciones era la opción recomendaba por los expertos. Todos sabíamos era dura pero el camino correcto para recuperar la economía y el país.

El problema es que eso tendría un costo electoral enorme. Por ello algunos dudaban.

Las discusiones siguieron hasta que Jorge dijo: haremos lo correcto para el Uruguay aunque no lo sea para nosotros. Pondremos los impuestos que hay que poner, la economía y el país se recuperarán y, con seguridad, no nos votará nadie.

Apenas se recupere la economía los sacamos, concluyó.

Así fue.

La economía se recuperó rápidamente, el país creció durante los doce años siguientes a una tasa nunca vista y se sacaron los impuestos antes que terminara el período de gobierno.

Jorge acertó, también, su otro pronóstico: no nos votó nadie. Pasamos del gobierno a un 9%.

Pero fue fiel a la ética de la responsabilidad que siempre debe tener un gobernante.

Como todos los que lo conocimos tuve alegrías y enojos con él.

No era un diplomático ni alguien que hacía las cosas para quedar bien. Como dicen los muchachos hoy, no tenía filtro. Te cantaba la justa, te gustara o no.

Jorge Batlle fue un hombre, por encima de todo, amante de la libertad. Libertad en todo sentido: política, económica, de expresión, de opinión.

En la prosa cervantina, Don Quijote le dice a Sancho: “la libertad, Sancho, es el más preciado don que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida“.

A esa libertad, a ese preciado don, Jorge Batlle dedicó su vida y en esa libertad absoluta vivió.

En los últimos tiempos había vuelto a su pasión más grande la política partidaria. Lo que me llevó a volver a hablar seguido con él, lo que le agradezco a Dios.

Como le agradezco poder decir, con orgullo: yo fui Ministro de Jorge Batlle, un amante de la libertad.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.

  • Cecilia Castiglioni

    Agradezco estos relatos de la ” genética Batlle” que no dudo, toda habría sido igual si la tecnología los hubiesen acompañado. Recurdo su destacada gestión, su capacidad de trabajo enorme y su honestidad. Se merece la Presidencia de este país, que algún dia llegara a sus manos. Es Ud. un orgullo para el país y ahora, un referente. Brillante su interpelación última.

  • carpvu

    Dr.Pedro Bordaberry,en cada alocución tanto en el parlamento,escrita o televisada,demuestra cada día y en cada oportunidad,que es,por lejos,el Uruguayo MAS CAPACITADO Y PREPARADO para ejercer el cargo de Presidente de nuestra República. Es un placer y un honor poderlo seguir constantemente en cada una de sus intervenciones que nos aclaran y explican,no importa cual sea el tema, debido a que usted domina todos ellos a la perfección. El Uruguay y el partido Colorado lo necesitan como la única luz al final del camino. Un placer.

  • TANGOMUNDIALlegazkue