Miércoles, 26 de agosto de 2015

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Yo no lo vi

La tarde del 16 de julio de 1978, no fue una más. Esa tarde invernal Peñarol ganó 7-0 a Huracán Buceo, por la 20ª fecha del Campeonato Uruguayo de 1978, la novena de la segunda rueda. La particularidad fue que Fernando Morena hizo los siete goles de Peñarol. Esa marca se mantiene hoy vigente, como la mayor cantidad de goles que marcó un jugador en un partido por el torneo Uruguayo. Mucha gente estuvo esa tarde, o al menos dice haber estado en el Centenario, sin descuidar que pudieron ser ocho ya que el meta de Huracán Buceo, Ramón Alaniz, atajó un penal al propio Morena.

Dino Sani, el entrenador brasileño de Peñarol, había previsto que Morena solo jugara 45 minutos, pero dado que en el primer tiempo había hecho tres goles, Morena no salió y el sustituido fue Ildo Enrique Maneiro. Peñarol fue campeón invicto del Uruguayo de 1978 y Morena marcó 36 goles en 21 cotejos, sólo faltó ante Sud América en la primera rueda (Peñarol ganó 5-0), marca que aún no pudo ser superada.

El reciente sábado 22 de agosto de 2015, Peñarol y El Tanque Sisley jugaron por la segunda fecha del torneo Apertura 2015/16, partido que concluyó 2-2. Tampoco fue una tarde más. Fue la tarde en la que Diego Forlán marcó su primer gol oficial con Peñarol, se estrenó como goleador en un club uruguayo, en su tan extensa como exitosa carrera. A diferencia de la citada tarde de julio de 1978, nadie podrá decir: “Yo estuve ahí”. Es que dicho partido se jugó a puertas cerradas, sin público. El motivo: una sanción impuesta a Peñarol tras los disturbios ocasionados por algunas personas identificadas con sus colores, en el clásico que definió el último Campeonato Uruguayo: el pasado 14 de junio. 

Algunas semanas atrás expusimos el ejemplo inglés, en el que se apeló con éxito a erradicar a los violentos de los estadios de fútbol, a quienes se les identificó y se les prohibió su ingreso a los campos de fútbol, hasta de por vida; asimismo se capacitó a la policía y se mejoraron las condiciones de seguridad en los estadios (http://eltelescopio.com.uy/el-ejemplo-ingles-quien-le-pone-el-cascabel-al-gato/).

 

No es el espíritu cuestionar la sanción impuesta a Peñarol (también se le quitó un punto en la clasificación anual de la pasada temporada), quien aún deberá jugar un partido más como locatario a puertas cerradas (será ante Fénix en la cuarta fecha). El espíritu es preguntarse, ¿por qué el verdadero hincha, se perdió de ver el primer gol de Forlán en vivo en la cancha?, es cierto seguramente llegarán más goles de Forlán con la elástica aurinegra con decenas de miles de personas en las tribunas, pero el verdadero aficionado al fútbol, el que no pone condiciones, que no pide nada a cambio, el que paga su entrada, el que no es cobijado por los dirigentes, al que no le pagan viajes al exterior, debió conformarse con ver el gol de Forlán por TV.

También es cierto por ahí el motivo de la sanción a Peñarol es, privarle de lo que podría ser una ventaja deportiva, de jugar con su público, en ese caso la pregunta que surge es, ¿cuál fue la culpa de los aficionados, a los equipos en rivales de Peñarol de perderse un partido?

Y aún más: en un país, altamente sensible a los efectos colaterales, ¿a cuántas personas que viven, directa o indirectamente, de un partido fútbol, se le privó de obtener una ganancia legítima el pasado sábado? Desde los “cuidacoches”, los vendedores de maní caliente, los que ofrecen banderas o distintivos de los clubes y hasta los que expenden bebidas y alimentos de variada índole, se quedaron con sus bolsillos vacíos “gracias” a los violentos.

El fútbol uruguayo se ha “argentinizado” en los últimos lustros. No solo a través de los cánticos de los parciales en las tribunas, sino en otras situaciones totalmente anómalas y que van contra el espíritu del deporte: como ser partidos sin público, separación de hinchas, “pulmones” en las tribunas, la implementación del cargo de jefes de “barra brava”, o hinchas que “apretan” a los jugadores de sus propios equipos.  Y ya que se toman ejemplos, nada gratos, de la vecina República Argentina, podría imitarse alguno bueno, como por ejemplo que el fútbol se emita en los canales de aire, como reza el nombre del mismo: “Fútbol para todos”, algo que en Uruguay no ocurre.

Es como cuando uno tiene un cajón con un centenar de manzanas y percibe que hay cinco o seis que están putrefactas. Para ello revisa todas las manzanas y descarta las cinco o seis en mal estado y se queda con las buenas. Claro está que existe otra opción más rápida: tirar por la borda el cajón con las 100 manzanas y evitarse así el trabajo de revisarlas todas, para constatar las dañadas. Esta última, es la alternativa que se aplica en el fútbol de Uruguay.

Gustavo Martín

Autor: Gustavo Martín

Contador Público, Universidad de la República. Entre 2010 y 2014 fue Coordinador Administrativo del Proyecto Mercosur Libre de Fiebre Aftosa, Proyecto financiado por FOCEM. Docente en la Universidad Católica del Uruguay. Periodista en el diario El Observador desde 1994.