Entre el optimismo ciego y el fantasma del 29: ¿Estamos ya en la era de la AGI?

La historia financiera tiene esa costumbre un tanto molesta de repetirse, o al menos de rimar bastante fuerte. Dos meses antes del fatídico Lunes Negro que dio inicio a la Gran Depresión, Roger Babson, un economista de Massachusetts, soltó una advertencia que hoy suena conocida: tarde o temprano, el colapso iba a llegar y no iba a ser nada lindo. En aquel entonces, el mercado le dio la razón con una caída del 3% —el famoso “Babson Break”—, pero el optimismo por las nuevas tecnologías de la época, como la radio y el auto, terminó barriendo con cualquier rastro de prudencia. Los inversores con “imaginación” querían seguir ganando, y lo hicieron, hasta que el suelo desapareció bajo sus pies.

Hoy, en pleno 2026, el aire que se respira en Wall Street y en los centros tecnológicos tiene un aroma parecido. La inteligencia artificial se convirtió en el motor de una nueva “exuberancia irracional”. Ya no hablamos de radios, sino de una carrera frenética por alcanzar la Inteligencia Artificial General (AGI), ese sistema capaz de igualar o superar cualquier capacidad humana. Las cifras son mareantes: según la consultora Omdia, las tecnológicas se perfilan a gastar casi 1.6 billones de dólares anuales en centros de datos para 2030. Es una apuesta monumental basada en promesas de ganancias que, por ahora, son más hipotéticas que reales.

La danza de las burbujas y el miedo a quedar afuera

El problema de fondo es que, si mirás para cualquier lado, parece haber una burbuja inflándose o desinflándose al mismo tiempo. El miedo a quedarse afuera (el famoso FOMO) empuja a las empresas a ignorar las señales de alerta. Advait Arun, analista del Center for Public Enterprise, señala que muchos están jugando a una suerte de juego de completar espacios en blanco, convencidos de que estas tecnologías van a solucionar cualquier problema que se les cruce, sin importar lo descabellado que suene el planteo.

Es difícil para un periodista financiero sentenciar si un activo está sobrevalorado o no, pero lo que sí queda claro es que el concepto de “valor fundamental” se volvió algo bastante elástico. Si definimos una burbuja como un fenómeno donde el precio sube de forma insostenible más allá de su valor real, entonces estamos rodeados. Sin embargo, en este clima de euforia, las voces que piden cautela suelen quedar tapadas por el ruido de los nuevos anuncios.

¿Misión cumplida? El polémico anuncio de Nvidia

En medio de este escenario, Jensen Huang, el CEO de Nvidia, tiró una bomba que dejó a más de uno recalculando. En una entrevista reciente con Lex Fridman, Huang soltó sin vueltas: “Creo que ya alcanzamos la AGI”. La frase no es menor, considerando que la AGI es el santo grial de la industria y el punto de quiebre en contratos millonarios entre gigantes como OpenAI y Microsoft.

Fridman, tratando de bajar la idea a tierra, definió la AGI como un sistema capaz de hacer tu trabajo; por ejemplo, fundar y manejar una empresa tecnológica de mil millones de dólares. Cuando le preguntó a Huang si faltaban cinco o veinte años para eso, el ejecutivo fue tajante al decir que el momento es ahora.

Para sostener su punto, Huang mencionó el éxito de OpenClaw y cómo la gente está usando agentes de IA para cosas de lo más variadas, desde crear influencers digitales hasta aplicaciones sociales que mantienen vivo a un Tamagotchi. Según él, el éxito repentino de estas herramientas es una señal clara del nivel que alcanzamos.

Una de cal y una de arena

Claro que, como suele pasar con estos anuncios rimbombantes, después vino el matiz. Tras entusiasmar a la audiencia, Huang moderó un poco el tono. Reconoció que muchas de estas herramientas tienen un pico de fama de un par de meses y después caen en el olvido. Y fue todavía más realista al hablar del potencial de estos agentes para reemplazar la complejidad humana: “Las chances de que cien mil de esos agentes construyan una empresa como Nvidia son cero”.

Así estamos hoy, navegando entre la promesa de una revolución total y la sombra de una crisis de sobreexpectación. La IA está acá, de eso no hay duda, pero queda por ver si esta “imaginación” de los inversores actuales termina en un nuevo paradigma productivo o si, como le pasó a Babson, el tiempo le termina dando la razón a los que hoy prefieren mirar los números con un poco más de desconfianza.