El sacudón de Intel: La IA, el rescate de los pesados y un balance que dejó de meter miedo

Allá por marzo de 2025, cuando Lip-Bu Tan agarró las riendas de Intel como CEO, la situación financiera era, en sus propias palabras, bastante espantosa. En la 54.ª Conferencia Anual de Tecnología, Medios y Telecomunicaciones de J.P. Morgan, charlando mano a mano con el analista de semiconductores Harlan Sur, Tan dejó las cosas claras sobre las prioridades que se fijó al asumir: mejorar los productos, armar un enfoque de sistemas integral, levantar un negocio de fundición confiable y, por sobre todo, arreglar un balance que venía pidiendo la hora.

Para sorpresa de varios, el tipo no tuvo que salvar las papas solo. Intel ligó un respaldo brutal del gobierno estadounidense, de NVIDIA y hasta de SoftBank. Cuentan que tras una reunión donde Tan le supo vender su visión al Secretario de Comercio, Howard Lutnick, y al mismísimo presidente Donald Trump, parte de los fondos del programa CHIPS terminaron convirtiéndose directamente en capital accionario de la empresa. Sumale a eso la inyección de 5.000 millones de dólares por parte de NVIDIA y el espaldarazo de Masayoshi Son, fundador de SoftBank. Básicamente, a Intel le tiraron un salvavidas de oro macizo que le permitió empezar a reconstruir la confianza de los clientes y mejorar su capacidad de ejecución.

La fundición y la fiebre de la IA

Pero limpiar los números de la oficina es una cosa y fabricar chips competitivos es otra muy distinta. Dar vuelta el negocio de fundición (foundry) no es changa, y Tan reconoce que sigue siendo un laburo a largo plazo. La buena noticia es que los nodos 18A ya están mostrando mejores rendimientos. Con la tecnología 14A, la cosa avanza firme: ya están metidos en el diseño y en cerrar acuerdos con clientes, apuntando a una producción de riesgo para 2028 y apuntando los cañones a la producción en masa para 2029.

¿Por qué importa tanto esto ahora? Porque la inteligencia artificial está sacudiendo el tablero más allá de NVIDIA. Tan sostiene que la “IA agéntica” y las nuevas cargas de trabajo van a hacer explotar la demanda de procesadores (CPU) tradicionales en los centros de datos. A la par, el empaquetado avanzado y las nuevas arquitecturas están abriendo una ventana de oportunidad tremenda para los ASICs y los chips hechos a medida.

Wall Street y el movimiento de la guita grande

Toda esta movida no pasó desapercibida para los tiburones del mercado, que empezaron a rotar su capital. Allstate Corp, por ejemplo, más que duplicó su participación (un salto del 112,8%) en el último trimestre, comprando casi 180.000 acciones y llevando su posición a unos 12,5 millones de dólares. No fueron los únicos; fondos como Legacy Bridge, Raleigh Capital, Strengthening Families y HighMark Wealth también se subieron al carro recientemente. Hoy por hoy, el 64,53% de las acciones de Intel ya está en manos de inversores institucionales y fondos de cobertura.

Curiosamente, mientras los fondos compran, adentro algunos aprovechan para hacer caja. El 1 de mayo, la vicepresidenta ejecutiva Boise April Miller liquidó poco más de 40.000 acciones a un promedio de 99,53 dólares cada una, metiéndose al bolsillo unos cuatro millones de dólares. Fue un recorte del 27,7% de su cartera, aunque todavía conserva un paquete valuado en más de 10,4 millones. Para dar contexto, los insiders actualmente apenas controlan el 0,05% de la compañía.

Los números fríos: Entre el rojo y el repunte

Si mirás el desempeño de las acciones de Intel ($INTC), el viaje fue una montaña rusa. Venimos de un piso de 18,97 dólares en las últimas 52 semanas para verla abrir este martes a 119,84 dólares, tocando máximos anuales de 132,75. La empresa ya ostenta una capitalización de mercado de 602.320 millones de dólares y una volatilidad marcada por un beta de 2,18. Su estructura financiera actual muestra una liquidez rápida de 1,85 y un ratio corriente de 2,31, con una deuda sobre capital bastante manejable de 0,34.

Obvio que hay indicadores que todavía hacen ruido. Ese ratio precio-beneficio negativo de -193,29, un margen neto en rojo del -5,90% y un retorno sobre el capital (ROE) paupérrimo de 0,39% te recuerdan que siguen quemando plata para reestructurarse. Sin embargo, los reportes del primer trimestre del 23 de abril trajeron un alivio bárbaro. Intel reportó ingresos por 13.580 millones de dólares (un repunte interanual del 7,4%), superando de largo las estimaciones de 12.320 millones. En cuanto a ganancias por acción (EPS), lograron 0,29 dólares, pasándole el trapo a la expectativa de los analistas que esperaban apenas un centavo, y mejorando los 0,13 dólares del mismo periodo del año anterior. Para el segundo trimestre de 2026, la empresa ya proyectó un EPS de 0,20, mientras que el consenso anual de los analistas apunta a 0,63.

El veredicto del mercado

Con este panorama, las mesas de dinero están recalibrando sus radares. Cantor Fitzgerald ajustó su precio objetivo de 65 a 90 dólares manteniendo una calificación “neutral”, postura que comparte Sanford C. Bernstein. Raymond James se puso un poco más optimista pasándola a “compra moderada”. Por el lado conservador, UBS fijó un target de 51 dólares, y siempre tenés a los más pesimistas, como Weiss Ratings, que mantienen su recomendación de venta (sell d-).

En el balance general de los analistas, tenés 1 recomendación de compra fuerte, 11 de compra, 25 que sugieren mantener y 4 que recomiendan vender. El promedio general sigue siendo de “mantener”, con un precio objetivo rondando los 81,52 dólares.

La sensación térmica es que la revolución de los semiconductores se está ampliando. Intel zafó del abismo financiero que pintaba a principios de 2025, pero el veredicto final sobre si logra volver a ser el rey absoluto del silicio o si simplemente encontró un nicho cómodo en la nueva era de la IA, todavía está por verse.